Google Chrome estaría descargando de manera discreta un modelo de IA de alrededor de 4 GB en los ordenadores de los usuarios. Según un análisis realizado por un investigador de seguridad, esto ocurre sin previo aviso ni consentimiento explícito.
Alexander Hanff, conocido bajo el seudónimo «That Privacy Guy», es el investigador detrás de este descubrimiento. Según él, la descarga se realiza en segundo plano.
El archivo en cuestión se llama «weights.bin» y estaría relacionado con un sistema de IA incorporado basado en Gemini Nano, el modelo ligero desarrollado por Google.
¿Y si su Google Chrome ya ha descargado la IA?
De acuerdo con las observaciones del investigador, Google Chrome decide por sí mismo qué dispositivos son compatibles y automáticamente inicia la descarga de la IA. Esto ocurre sin que el usuario haga nada.
Y si elimina el archivo, mala noticia: este tiende a regresar solo. Hanff explica que el modelo se reinstala automáticamente, a menos que algunas opciones experimentales estén desactivadas o si Chrome se desinstala por completo.
Para comprobar sus sospechas, el investigador llevó a cabo un experimento en un Mac con un perfil de Chrome virgen. Según sus registros del sistema, el navegador creó el directorio del modelo y luego descargó los 4 GB en segundo plano.
Todo en unos quince minutos, mientras que el ordenador parecía estar inactivo. Chrome también analizó las capacidades de la máquina antes de iniciar la descarga, lo que, según él, confirma que Google lanza una selección automática de dispositivos compatibles.
¿Por qué podría ser problemático este descarga?
Hanff señala que este funcionamiento podría entrar en conflicto con las regulaciones europeas, especialmente con el RGPD y la directiva ePrivacy, que regulan estrictamente el almacenamiento de datos en los dispositivos y exigen transparencia clara.
Para él, el problema no es solo lo que se descarga, sino sobre todo el hecho de que el usuario no sea realmente consultado. Al mismo tiempo, también menciona el impacto ambiental.
Si consideramos 100 millones de dispositivos, es decir, alrededor del 3% de los usuarios, la transferencia representaría 400 petabytes de datos. Esto corresponde a un consumo energético de aproximadamente 24 GWh y cerca de 6,000 toneladas de CO₂ equivalente.
Si aumentamos a 500 millones de dispositivos, es decir, aproximadamente el 15% de los usuarios, los volúmenes explotan con 2 exabytes de datos transferidos, 120 GWh de energía consumida y alrededor de 30,000 toneladas de CO₂ equivalente.
Finalmente, a escala de mil millones de dispositivos, o aproximadamente el 30% de los usuarios de Chrome, las cifras alcanzan los 4 exabytes de datos, 240 GWh de electricidad utilizada y cerca de 60,000 toneladas de equivalente de CO₂.
Por lo tanto, cabe entender que si el archivo relacionado con el modelo IA de Chrome se desplegara a nivel mundial, el impacto sería considerable, aunque estos números se basan en hipótesis discutibles.
Otro problema afecta directamente a los usuarios. Un descarga de 4 GB puede parecer trivial con una conexión de fibra ilimitada. Sin embargo, se vuelve mucho más problemática en planes limitados o en redes móviles costosas.
En ciertos países, esto puede incluso representar un gasto directo e inesperado. Y nuevamente, la falta de información previa provoca descontento.
Se reconocen bien aquí a los gigantes de la tecnología
En general, este asunto se añade a una serie de críticas que apuntan a las grandes empresas tecnológicas. Hanff señala especialmente a Anthropic y Google.
Para él, estas empresas avanzan sus tecnologías antes de proporcionar cualquier explicación clara a los usuarios, quienes posteriormente descubren las consecuencias de estas decisiones.
Ya sea a través de integraciones profundas y discretas en el sistema, como con Claude Desktop, o la descarga automática de modelos de IA en segundo plano, la lógica sigue siendo la misma.
Los dispositivos de los usuarios se están convirtiendo poco a poco en plataformas de despliegue en lugar de herramientas realmente controladas por sus propietarios. Esta idea puede sonar dura, pero se alinea con críticas antiguas sobre los «patrones oscuros» en el software.
Ciertas funcionalidades están diseñadas para servir a la plataforma antes que al usuario. Son activadas por defecto, poco visibles en los parámetros o deliberadamente complicadas de desactivar.
Según el análisis de Hanff, la llegada de la IA incorporada no corrige esta tendencia, e incluso podría reforzarla.
Por su parte, Google aún no ha respondido en detalle a estas acusaciones. La empresa podría justificar estas descargas en Chrome por necesidades funcionales, como permitir el tratamiento de IA localmente, que se supone mejora la privacidad.







